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Terremoto descarado


“terremoto horrible…feo…malo…asqueroso…descarado.
Terremoto calato (porque nos dejó sin nada).
Malo, malo, malo! feo, feo, feo!

Con expresiones infantiles, sinceras y auténticas, un grupo de niños manifiesta algunos de sus sentimientos o emociones, compartiendo aquello que vivieron en el terremoto del 15 de agosto. Solo ha sido necesario hacer una breve motivación y una dulce advertencia (lisuras no valen) para que puedan soltar parte de su dolor.

Estamos en Pisco Playa, 8 días después del terrible sismo, mientras un grupo de voluntarios de Telefónica arman carpas equipándolas con sillitas, juguetes, frazadas y otros enseres que permitan brindar wawa wasis de emergencia a todos los niños y niñas usuarios de los programas. El equipo de coordinadoras de campo, las autoridades del MIMDES, personal y jefes del Grupo Telefónica se mezclan entre sí para empaquetar, cargar, descargar, limpiar…y también para ver y escuchar. Hay tanta pena alrededor, tanta miseria, que es imposible no verla y menos no sentirla como propia. Pero a ratos nuestras miradas se cruzan y tratamos de mostrar que no nos afecta. Tenemos un sólo objetivo: recuperar los wawa wasis.

“En emergencias sólo hay que brindar lo que necesita la gente” nos anuncia el protocolo de la OPS, “no aquello que creemos que ellos necesitan”, enfatizan.

Las carpas o tiendas (para los amigos españoles) se van templando y de pronto resplandecen los rostros de las madres cuidadoras. Ha vuelto una realidad en sus vidas, para sus niños y sus familias. Nuevamente tienen el servicio que brindaban, y en las noches podrán protegerse del frío implacable. Los niños y niñas ingresan poco a poco, curiosean, juegan y algunos se echan a dormir, están protegidos.

En medio del polvo que penetra el alma, y entre los montículos de hierros retorcidos que antes eran camas o sillas, se levanta un azul intenso, limpio y ordenado, simbolizando los 20 wawa wasis que permiten decir, un servicio necesario ha sido restablecido al 100%. Todo colapsó con el terremoto, luz, agua, teléfonos, carreteras…no hay bodega ni hotel disponible. Sin embargo, una semana después 160 niños están atendidos, cuidados, alimentados, todos los días que vienen de aquí en adelante. Tal como lo necesitan: el objetivo se cumplió.

Nos alejamos por ese camino interminable de improvisados refugios, donde lo mucho que se donó termina siendo poco. Da ganas de hacer magia para que los cartones, los plásticos o manteles sean realmente carpas o “tiendas”. Aquí solo queda tener esperanzas, que muchos escuchen a aquellos que piden ayuda en improvisados carteles. Continuaremos con la meta hasta llegar a lo ofrecido, 500 wawa wasis para 4,000 niños. Pero allí no se detiene el compromiso, seguiremos escuchando sus voces y penas, apoyando al que está retraído, observando lo que callan u ocultan, orientando a sus madres para que les brinden protección o afecto. Todo lo humanamente posible para que sientan que sus vidas están envueltas en un corazón -como expresó en su dibujo una de las niñas-y lo vamos a hacer porque ya lo empezamos. Mañana vamos a Cañete.

María del Carmen Vásquez de Velasco Asesora en Infancia RISOLIDARIA Fundación Telefónica infancia@risolidaria.org.pe
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