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La experiencia del Programa Puente
El recorrido de este Programa en estos años ha relevado la complejidad y el desafío particular e inédito de esta tarea: desarrollar estos vínculos y las conversaciones que los sostienen en una realidad hasta ahora desconocida, diversa, compleja y dinámica.

[04.04.2005] El Gobierno de Chile, a través del Programa Puente perteneciente al Fondo de Solidaridad e Inversión Social, FOSIS, desde el año 2002, ha generado un proces o innovador, centrado en la promoción, para abordar la tarea–país de contribuir a que 225.000 familias superen su situación de extrema pobreza. Un proyecto de esta envergadura demandó casi inmediatamente la realización de un estudio sobre las necesidades de capacitación de sus operadores. Ese desafío lo asumió un equipo de profesionales de FLACSO, y los resultados obtenidos en ese estudio demandaron la elaboración de una propuesta atingente de formación, capacitación y acompañamiento a la altura del Programa Puente y sus metas (1). Surge así desde FLACSO la "Comunidad de Aprendizaje Puente", desde donde se han generado reflexiones y aprendizajes sobre lo que ha sido esta propuesta innovadora de política pública en la superación de la extrema pobreza.

Como equipo ejecutor desde FLACSO de este "Sistema de Formación, Capacitación y Acompañamiento" del Programa Puente, nos ha ocupado el desarrollar una propuesta que apunte a contribuir a un perfeccionamiento de sus operadores, de modo de contribuir a que puedan desarrollar su trabajo con más eficiencia y eficacia. Esta tarea nos ha demandado desarrollar un enfoque pertinente acerca de la naturaleza de la intervención ejecutada desde el Programa.

La particularidad de esta intervención, definida formalmente como una labor de "apoyo psicosocial", es entendida como un acompañamiento personalizado a cada una de las familias en extrema pobreza identificadas y seleccionadas por el Programa. Este apoyo psicosocial se basa en un enfoque de promoción, avanzando más allá de una tradicional acción social, centrada más en la asistencia, ya que aquí se considera la particularidad de los sujetos (tanto de los "intervenidos" como de los "interventores") en sus dimensiones personales, familiares y sociales, lo que constituye el eje y el norte que orienta esta intervención para alcanzar los objetivos ya planteados. Esta intervención la desarrolla "en el terreno" una persona definida como operador de este Programa, lo que en definitiva implica que un "representante del estado" toca a la puerta de las familias seleccionadas, y les solicita entrar a su hogar para invitarles a participar, en un proceso de dos años, que los considera como protagonistas de este Programa.

Desde una mirada de relaciones humanas, la intervención consiste en un acompañamiento personalizado a las familias que se traduce en un "proceso de construcción de un vínculo de apoyo psicosocial", que busca promover en ellas procesos de aprendizaje, cambio y movilización, que les haga transitar desde una situación psico–socio–emocional de exclusión hacia un estado, en esas mismas dimensiones, de inclusión. Este vínculo busca entonces contribuir a generar procesos de empoderamiento que permitan la transformación de los sujetos, de modo tal que estén en mejores condiciones para tomar decisiones y compromisos de acción para su paulatino mejoramiento de calidad de vida, traducido en la posibilidad de re–construcción de un proyecto de vida con sentido. En términos del proceso de inclusión que se quiere favorecer, la intervención pretende hacer visible la demanda, las necesidades de las familias atendidas y vincularlas con las redes, los servicios e instituciones del estado que constituyen la oferta para el ejercicio de los derechos ciudadanos esenciales. Tal proceso conlleva la complejidad de lograr también una transformación cultural de las instituciones interpeladas y de la sociedad en su conjunto.

Este apoyo psicosocial ofrecido desde el Programa Puente se personifica en las y los Apoyos Familiares, quienes son profesionales y técnicos de muy diversa edad, sexo, origen, experiencia y especialidad, que han desarrollado la experticia de construir estos "vínculos de apoyo psicosocial" a través del desarrollo de "conversaciones especializadas con familias en extrema pobreza". Tales conversaciones apuntan en este vínculo a gen erar relaciones de confianza con las familias, que ellas generen compromisos de acción y desarrollen un cambio sustantivo de actitud hacia un proceso de inclusión. En este contexto, la reflexividad y la conversación que la potencia, constitutiva de nuestro modo de vida humano, se relevan como las competencias fundamentales que los Apoyos Familiares desenvuelven en su práctica, y constituyen el gran espacio posibilitador de procesos de transformación personal y colectivo en las familias. Ahí se crea la posibilidad de generar un encuentro de mutua legitimación, en que la conversación puede disponer a la reflexividad y así abrir ventanas que permitan a la familia mirarse, reconocerse y re–mirar su situación, encontrando caminos no previstos, posibilitando reconstruir un proyecto de vida con sentido.

El recorrido de este Programa en estos años ha relevado la complejidad y el desafío particular e inédito de esta tarea: desarrollar estos vínculos y las conversaciones que lo s sostienen en una realidad hasta ahora desconocida, diversa, compleja y dinámica. Desde las conversaciones que los Apoyos Familiares sostienen con las familias atendidas, la extrema pobreza ha sido develada desde la intimidad de su hogar, apareciendo con fuerza y crudeza diversas situaciones que aluden a temas y fenómenos humanos críticos. En este contexto, desde la experiencia de las y los Apoyos Familiares que se vinculan con esta realidad, y considerando la complejidad de las condiciones en que ellos trabajan, las competencias de reflexividad y conversación especializada sólo son posibles de desarrollar si además ellas y ellos cuentan con competencias y herramientas para el autocuidado individual y colectivo entre pares. No es trivial considerar entonces que para que estas personas puedan favorecer procesos particulares de reflexividad, conversación y autocuidado en las familias, las y los Apoyos Familiares necesitan desarrollar antes estos mismos procesos en sí mismas/os. Y no sólo eso, sino que además al considerar a todo el Programa Puente como una red de vínculos de mutuo apoyo cuyo objetivo compartido es favorecer directa e indirectamente la inclusión de las familias atendidas, estos procesos y competencias de reflexividad, conversación y autocuidado necesitan ser favorecidos en todas las personas que constituyen el Programa, y también en las personas que constituyen las redes e instituciones con las que se vincularán finalmente las familias.

Si dimensionamos a todos estos actores sociales como integrantes de esta red de vínculos sostenida por "conversaciones para la reflexividad" que apuntan a un mismo objetivo de tarea-país, y a la vez imaginamos que estas conversaciones para la reflexividad pueden irradiarse gradualmente en la sociedad de la que forman parte, podemos así dimensionar el alcance que puede tener esta conversación impulsada desde esta política pública no sólo en la superación de la extrema pobreza, sino en la transformación social que es necesaria en nuestra cotidiana convivencia para un verdadero desarrollo individual y social.

(1) “Sistema de Formación, Capacitación y Acompañamiento del Programa Puente”, Comunidad de Aprendizaje Puente, FLACSO-Chile 2002

Autor: Germán González Lobo